Planificar abordando la complejidad y el cambio permanente

Noticias 29 de noviembre de 2016 Por
La complejidad de la realidad socioeconómica nos exige revisar e innovar sobre los métodos de planificación estratégica territorial
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Rafaela se apresta a dar a luz a su Plan Estratégico de desarrollo socio productivo Rafaela Productiva 2020  luego de un largo proceso de trabajo colectivo que incluyó decisión política del gobierno municipal y el acompañamiento de las principales entidades de la ciudad, asignar recursos económicos y técnicos, involucrar otras instituciones y organizaciones de la comunidad local, desarrollar equipos técnicos, investigar, concretar reuniones y talleres participativos, elaboración de diagnósticos,  definiciones de desafíos y revisión de proyectos en marcha y enunciado de nuevos objetivos y potenciales proyectos futuros.

Suponer que este proceso fue un fácil recorrido de etapas respondiendo a recetas metodológicas de planes anteriores o de fórmulas ya  consagradas por buenas prácticas internacionales es un error que de no haberlo tenido en cuenta hubiera llevado a un rotundo fracaso. Por el contrario resultó necesario ir paso a paso acordando con los actores los criterios metodológicos y las formas específicas de trabajo. Podríamos expresar que fuimos haciendo camino al andar,  revisando y evaluando los resultados parciales y redefiniendo algunas etapas de común acuerdo con las instituciones participantes.

En este artículo deseamos resaltar el rol del Instituto Praxis –UTN , que lleva adelante la Maestría en Desarrollo Territorial, y que se sumó al proceso del plan con una doble función de actor y de apoyo técnico académico hacia el equipo de coordinación del Plan Rafaela 2020. Esto permitió contar  con un acompañamiento reflexivo, aportando docentes y expertos que brindaron conferencias y capacitaciones, y de un proceso de análisis procesual clave para rever algunas acciones metodológicas o de procedimiento. De esta trabajo se desprenden aprendizajes sobre nuevas pautas de comportamiento social, de variaciones  en las dinámicas del territorio vinculadas a la velocidad de los cambios y fundamentalmente las diversas capacidades técnicas de los actores para comprometerse con el proceso y además adquirir capacidades para comprender las nuevas dinámicas de la realidad global y regional.

Claramente aparecen dos aspectos principales a abordar en la mecánica del proceso: ellos son la problemática de la participación y el compromiso de los actores, y por otro lado la complejidad elevada y creciente del territorio.

Esto no es nuevo en  la planificación estratégica, pero cobra singular  vigencia luego de  más de dos décadas de debate en los ámbitos académicos: la participación ciudadana (voluntad ciudadana, lo que quiere la gente) versus la visión tecnocrática (voluntad técnica o experta. Lo posible, lo viable, lo más eficiente, etc)

Y en este sentido hemos trabajado tratando de mejorar esta relación  antagónica pero a su vez necesariamente concurrentes a la hora de planificar y tomar decisiones. Aquí dejamos algunas reflexiones al respecto. 

El reto de integrar la  participación ciudadana y  la dimensión  técnica o experta 

La realidad global y local tiene respecto a los contextos de los planes anteriores (década del 90) una característica distintiva en cuanto a una mayor  complejidad de sus  problemáticas, entendiendo como tal la interrelación de diversos factores que responden a dinámicas también complejas e innovadoras. Al decir de Boisier "no se puede ganar en un juego complejo con jugadores y estrategias simples". Siempre la complejidad es la información que le falta a un sistema para poder comprender y describir completamente su entorno o bien a sí mismo. Conocer supone información, pero comprender supone conocimiento.

En este sentido se detectaron las debilidades en el compromiso de algunos  actores y de cierta inercia a priorizar los temas urgentes e inmediatos en desmedro de cuestiones importantes aunque de mediano y largo plazo. Esto se desprendió  de las dificultades a la hora de concertar la participación inicial en talleres y reuniones y la escasa prioridad que en ocasiones se le dieron a la agenda del plan a poco de ser lanzado.

Otro aspecto que emergió  del  proceso de acompañamiento y  evaluación es la disponibilidad de información y de conocimiento de los temas trabajados como ejes estratégicos del plan por parte de los actores del mismo. La complejidad técnica demanda un tiempo de apropiación mínima de los actores sobre estos temas para poder participar con aportes y opiniones  que resulten viables y verosímiles. Esto afecta las capacidades necesarias para opinar y/o  decidir sobre varios de los temas involucrados en los ejes del plan estratégico para algunos actores que están fuera de las órbitas técnicas afines. Y aun para quienes intervienen desde una disciplina específica la comprensión acabada de algunos procesos supone integrar conceptos de otras disciplinas técnicas.

Aquí apareció un reto metodológico para el equipo de coordinación del plan y que además nos disparó  una  importante conclusión: los nuevos problemas se deben abordar con nuevas soluciones institucionales y la complejidad nos obliga a generar espacios de reflexión-diálogo-planificación-revisión permanentes.


Se trata en definitiva de adquirir capacidades nuevas para planificar abordando la complejidad y el cambio permanente.


En términos prácticos esto supone ir en busca de las instituciones (y no esperar que vengan a los talleres o reuniones del plan), generar encuentros temáticos y específicos incorporando temas transversales y demostrando la complejidad, distribuyendo por varios canales la información generada y contenida en un formato sinóptico que facilite la compresión de las dinámicas territoriales. Por ultimo promover y facilitar espacios o redes que deberán ser sostenidos y contenidos en el mismo plan para seguir planificando y corrigiendo. En varios ámbitos tales como Ambiente, educación, innovación, vinculación tecnológica, emprendedorismo, inclusión social, desarrollo y movilidad urbana, infraestructura y logística, etc.

Finalmente debe marcarse que el plan Rafaela Productiva 2020 no es una colección de proyectos más o  menos definidos o a definirse sino que configura un marco de referencia para la acción del conjunto de las instituciones  del territorio y debe como tal orientar el sentido de la transformación del mismo.